Palabras Gino Schiappacasse.
PROLOGO
Revisados como fenómenos que “simulan” realidades que succionan algo del inconciente colectivo local, la exposición de ejercicios de arquitectura en la ciudades de Concepción y Lota, que acentúan el desarrollo proyectual a partir del contexto que la afecta y construye, permiten comprender un poco más, nuestro propio ámbito existencial.
Las respuestas a estas premisas son las propuestas icónicas desplegadas en dibujos y modelos espaciales que los alumnos de los talleres de Arquitectura de 2° año de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Construcción de la Universidad del Bío Bío que se exponen en esta sala, en la cual sorprende como puntos de vista tan disímiles producen tan diversos y validos planteamientos, acerca de lo que debe recoger la observación para hacer arquitectura.
Lo temporal, o como nos enfrentamos a lo que nos ocurre, es iniciatico y fenomenológico, porque se introduce a partir de un conciente “sentir lo que sucede”. Este “Insigth” encuentra material para situarse ante la arquitectura, en una mas profunda y visionaria relación entre espacio construido y entorno, en este caso, la cultura urbana y su paisaje.
Que se pueda tener en la visión del tiempo -o como atrapamos nuestro realidad- un objetivo pedagógico ya sea, indagando en la inmediatez mas urgente o en el racconto perdurable mas subjetivo, el alimento o el pretexto para fundamentar una posición madura -aunque sean solo adolescentes que tienen uno o dos años de estudios de arquitectura en el cuerpo- constituyen un merito y un hallazgo, que justifican esta muestra.
Como antitesis gramaticales aquí va una sipnosis de estas posiciones pedagógicas, a las que hay que nombrarlas :
ARQUITECTURA INSTANTANEA
Arquitectura instantánea de aconteceres “flash” que se diluyen, y que al mismo tiempo son persistentes, las casi instalaciones espaciales, aquí presentes, parecen construir esa ciudad efímera tan actual, como si fueran fotologs de fenómenos callejeros emergentes.
Como ámbitos temporales validos que caracterizan la “presentación”, vivir en el aquí y ahora, pero en lo publico de la ciudad, recrean estas escenas, rearmando su gesto mas esencial con configurantes de cartón, metal o mica.
Los ejercicios académicos del Taller Lopez, Lagos y Scheel, que atrapan aconteceres que aparecen y desaparecen con un parpadeo, son una reflexión provocativa que se interroga acerca de la contextualidad y de cómo esta condiciona el espacio publico de la ciudad. El plantearse aconteceres urbanos, tan marginales como emergentes, acusando lo evasivo del exhibicionismo del Star Sistem local que convive con la invisibilidad de los miserables, de alguna manera replica una historia de paralelos. Lo top y lo remoto anidan tan sutilmente en la temporalidad de lo publico, como arrugas que prefiguran el verdadero rostro urbano de calles y vacíos de nuestra ciudad.
La emergencia de esta Arquitectura casi anónima de actores públicos que tienen su minuto de fama o el comportamiento accidentalmente desinhibido del transeute los eleva a personajes urbanos, sin discusión.
El tema es como el contexto arma la arquitectura en el vértigo del suceso urbano observando la realidad en cámara rápida, incluyente de lo marginal. Esa marginalidad visualizada entre el trajín y la indiferencia, se manifiesta y convive, apropiándose del espacio publico, sin censura.
El des-ocultar la desverguenza ante el decoro o lo intimo en lo publico o modas tops de la cultura pop hacen visible lo latente tanto de las subculturas underground como de conductas cotidianas nuevas como dormir en la calle o expresarse con besuqueos y toqueteos como si se estuviera en el living de su casa. Están ahí.
Estos actos casi prohibitivos asumidos, propios de nuestra condición trashumante de un siglo XXI instalado, que viaja a la velocidad de la luz, son curiosamente tan vigentes en nuestra realidad como en Nueva York, Paris o Shangai.
Lo interesante es que esta inmediatez y aparente marginalidad alumbra los caminos de la arquitectura más institucionalizada, la que se ve más perdurable.
Lo curioso es que hoy no está tan claro que es lo perdurable.
ARQUITECTURA NARRATIVA
En oposición a esa naturalidad arquitectónica de lo efímero, el proceso de ralentización que sufre la mirada arquitectónica del Taller Seguel y Mayorga, construye una arquitectura narrativa en la cual la memoria recurre al recuerdo, o a lo que queda en la memoria, como las hojas de te en una taza vacía, para viajar a través de la psiquis y traer algo esencial del contexto al presente.
Lo narrativo de estas propuestas arquitectónicas estudiantiles desarrolla sintéticamente la historia, condensando en un concepto, un espesor emocional, una superposición de muchos sucesos en una suerte de emociones comprimidas que acaba traducido en una propuesta espacial única e irrepetible.
Aunque son ejercicios arquitectónicos, mas bien parecen proyecciones que traen el subconsciente colectivo mas profundo a la luz, como si se sumergieran en lo mas interior del universo minero, extrayendo un oscuro filón desde el fondo de la tierra, cual tesoros memoriales.
Estas realidades recogidas en cámara lenta, al rescate de lo recobrado de las desapariciones, permite indagar en el tiempo “rebobinado” como lo hacia Marcel Proust en sus novelas, pero aplicado como instrumental que configura una arquitectura nueva.
En estos recuentos emocionales, como coyunturas urbanas y análogos procesos individuales, simultáneamente permiten que cada modelo icónico recree espacialidades únicas de Lota.
Es asombroso que temas como la ruptura de continuidad de procesos inacabados en las vidas personales o en el destino truncado de toda una comunidad, o igualmente, la oscuridad, la estrechez o la interioridad espacial suponen ciertas leyes que se repiten como algo general, algo que ocurre inevitablemente.
Este fatalismo inevitable, mito de la desgracia que cae del cielo predestinada, y consecuencia de una renuncia, de un dejarse caer, es un fundamento al igual que la recreación tan precisa de las síntesis de luz y penumbras de los túneles y socavones de las minas o de los pabellones habitacionales. Es ese mundo dramático, lo que dramatiza esta arquitectura tan particular que hoy se expone.
Esta posición de particularizar lo mas propio de un contexto surge como una “contravisión ralentizada” ante la amnesia colectiva que nos caracteriza. Producto en opinión del siquiatra Otto Dorr de ser una “cultura presentista” -solo vivimos el presente- que no integra el pasado en nuestra memoria, esta posición pedagógica acentúa la búsqueda de nuestra identidad local, justamente en cierta “búsqueda de un tiempo perdido”, para hallarla y hacerla consciente.
ARQUITECTURA AUTOREFERENTE
Si en las anteriores visiones pedagógicas el acento y la temática esta puesto en la alimentación temporal del fenómeno arquitectónico, en el caso del taller Jofre Pérez, se jerarquiza la construcción de un lenguaje autoreferente del espacio como configuración que abstrae lo intrínsecamente evidente del paisaje sea natural o artificial. Aunque existe una exploración de la ciudad como un sistema mutable, se sacude de lo accidental para calar su esencialidad en las leyes, casi químicamente puras, de estas transformaciones que rigen el orden arquitectónico relacionado con el contexto geográfico o construido.
Su operatoria va a la búsqueda de cierta metafísica de orientación en el espacio constituyéndose el teorema “situs spatium ergo sum” casi en un dogma, pero a partir de una arqueología de sus estratos urbanos.
Esta mirada autónoma, casi desnuda y desprovista de contenidos emocionales, que toma el fenómeno del transcurrir del tiempo, reconcentrándose en una mirada de largo plazo, filtra la percepción, en el como se sitúa el hombre espacialmente en un entorno materializado.
Lleva al alumno al límite del concepto, en que el situarse, traduce en modelos y dibujos, solo lo que es evidente del espacio, sin agregaciones subjetivas. Esta posición tan lógica no usa la exploración personal, más que en la respuesta icónica de la configuración.
Una seca síntesis, alimentada solo por referentes arquitectónico parece ser un camino mas claro para el alumno, que esta incursionando en la arquitectura. De ahí, un solo tema de todos. Esta rigurosidad clasicista discrimina una gramaticalidad en la sintaxis. Acentúa el dominio espacial cartesiano sin adjetivos, despojada y racional.
Con una mirada macro, toma el eje Paicavi para desarrollar propuestas basadas, en la extracción, en el desnudar estos sistemas arquitectónicos que superponen cambios históricos y aconteceres diversos a lo largo de su linealidad.
Siendo fenomenológico, la iniciación estudiantil esta ritualizada en el silencio del espacio, no en los gestos vivénciales de quienes lo habitan. Interrogándose y ahondando en el tema del vacío.
Se podría sintetizar esta visión modernista, en que el contexto es una extensión del espacio habitable, y viceversa, sin intervención de la subjetividad.
Metafóricamente, una comprensión del espacio arquitectónico -con una mirada nueva- como una ortesis que extiende el alcance de los sentidos del cuerpo humano en el paisaje. Sea, este, una plataforma biblioteca que se hace calle, al igual que un ameba derramada en aceras, zócalos y subterráneos o una biblioteca cerrada como un caracol al igual como el cuerpo se defiende ante las agresiones de la congestión o el enquistamiento espacial que perfora lo cerrado para un leer de reojo.
ARQUITECTURA GENUINA
Por ultimo, el taller Cerda Jiménez inicia al alumno a través de lo vivencial -la única premisa es lo lúdico- para que el alumno vaya descubriendo en los aconteceres de la arquitectura vernácula -hecha por la misma gente- un mundo patrimonial construido con la costumbre, una adecuación a la realidad contingente -observable y vivenciable- como único referente para potenciar una cultura arquitectónica propia
Las rutas como travesías fundacionales son las únicas coordenadas a través del mapa existencial de una ciudad como Lota. A la búsqueda del acontecer cotidiano que solo se da de una manera particular, solo en ese lugar.
Esta posición esta plenamente vigente, como oposición a la irrupción de la globalidad en la cultura, en que es inevitable el origen de un fenómeno creciente de transculturización : La realidad cultural ajena se va superponiendo a la propia cultura local. Si además la realidad se mediatiza, se pueden trasladar los planos de la realidad hacia lo periférico, quedando lo local al margen, pues, lo virtual mediático o costumbres e imágenes ajenas se perciben como más relevante que la propia realidad cotidiana
Lo potente es “lo extraordinario de lo ordinario” de los aconteceres cotidianos. Si lo emergente es fuente de observación para sentir la cultura arquitectónica que viene, poner el ojo a la cotidianeidad de lo vernáculo, es doblemente, pan y alimento de identidad patrimonial, de lo que somos originariamente. Como ir a las fuentes ancestrales.
Descubrir lo que siempre ha estado presente, lo mas propio de los lugares comunes, sea este una escalera comunitaria, un horno colectivo que amasa pan como rito diario o un mirador vecinal que es un catalejo a la ciudad y el mar, obliga a empaparse de la lugaridad recogiendo de los actos mas simples de la cultura local, su relación con el espacio arquitectónico.
Toda la temática se lee como señales que nos guían por este mapa existencial tan particular. Ya sea el zigzagueo espacial que puede ser la traducción icónica del paseo diario de la adolescencia colegial o la extensión incluyente del huerto familiar en una ruta turística, o el enfoque espacial de una sede vecinal que es un mirador o la recreación de un ascensor que asciende una mina, en este caso como hobby.
Saber descubrir y valorar la cultura local es la búsqueda de lo genuino. Como habitante de un suelo, la patria chica, el sentirse lotino, me vuelve a mi originalidad, al origen. El barrio, la vecindad son las dimensiones de este contexto inmediato.
Gino Schiappacasse R.
Arquitecto